Este es un juego de construcciones, de esos en los que tenés que poner una pieza sobre otra.
Y aveces pienso que no puede durar mucho, y entonces me siento raro, como contento y triste a la vez.
 
Mirar directamente al sol es imposible y es, a la vez, un juego solitario.
¿Cómo tendría que ser la sucesión de piezas para que esto le pueda llegar a hacer bien a alguien?

El viento hace que el aire logre sentirse distinto. Y cuando el aire cambia, el juego se abre y uno puede pensar en cosas diferentes.
Es la inestabilidad, justamente, lo que permite un pensamiento que le haga más justicia a este juego. La inestabilidad es lo más lindo, es lo que permite una configuración potencialmente diferente. Las relaciones que generan unas piezas al lado de otras.

Mis pupilas se contraen y mis ojos lloran, cuando algo muy denso toma contacto con la superficie, ésta se daña.
La proximidad construye, pero en este juego es la misma proximidad la que no permite hacer foco, como si estuviéramos mirando a un plano perfecto.